lunes, 5 de septiembre de 2011

De velos y de bailes

Esta mañana, en la Escuela Oficial de Idiomas (tuve mi último examen de That's English), vi a una chica musulmana. Parecía muy joven, unos veintipocos, e iba arreglada, con labios y ojos pintados, y un velo rojo y negro cubriéndole la cabeza. Este parecía más un complemento de moda que la imposición sexista de una cultura retrógrada.


Viendo a esta chica, recordé lo poco que me gusta que determinadas personas y/o colectivos, autoerigidas en adalides de la libertad, pretenden impedir que otras personas tengan la capacidad de elegir por sí mismas su creencia, su forma de vestir, su vida al fin y al cabo.

No me quiero adentrar en profundas disquisiciones, más que nada porque otra gente lo ha hecho antes que yo, y mucho mejor, pero toda esta historia me ha recordado a una anécdota que me contó mi padre cuando era pequeña y que siempre me viene a la mente en este tipo de situaciones. Aquí os la dejo:


"Hace muchos años, en el contexto de un gran festival de danza, el cuerpo de baile de un país africano visitó la antigua unión soviética para actuar en uno de sus teatros.
Cuando el director anfitrión vio el atuendo con que bailaban las africanas, consistente en una pequeña pieza de ropa que cubría apenas sus genitales, se dirigió, preocupado, a su homólogo africano, explicándole que, en su país, no estaba permitido exponer el cuerpo de aquella forma, y pidiéndole amablemente que procediese a vestir el pecho desnudo de sus bailarinas.
El director africano, cordial, inmutable, replicó, sonriendo, que con mucho gusto lo haría, tanto más en cuanto presuponía que, siendo el ruso tan celoso de respetar las costumbres locales, ordenaría a las chicas de su ballet que, cuando se invirtiese la visita, descubriesen su pecho para bailar"


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